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Blog escoles.barcelona

En el blog trataremos temas de educación y crianza, con la ayuda de profesionales del sector.

Volver a empezar

Volver a empezar después de las vacaciones cuesta. Arrastramos sueño porque todavía vamos con el horario veraniego, sentimos que nos falta tiempo libre, el tiempo que hasta hace pocos días no dedicábamos a trabajar, y por si esto fuera poco, parece que los días empiezan a hacerse más cortos poquito a poco y como te descuides, pronto estarás pensando en la Navidad. ¿Les cuesta también a los más pequeños? Por supuesto. A continuación encontraréis algunas cosas a tener en cuenta para acompañarles en este proceso y aligerarles un poco el estrés de la vuelta al cole.
 
  • Los niños son especialmente vulnerables al cambio de horario y de rutina. Conviene recuperar el horario del curso escolar cuando todavía se esté de vacaciones. La semana antes adelantar la hora de irse a la cama, que las comidas empiecen a ser más regulares, etc. Relajadamente, pero anticiparnos un poco al primer día.

  • Tres meses en el universo infantil son mucho tiempo. Tratar el tema de la vuelta al cole con los niños antes de que llegue el día es necesario pero, ¿cuándo y cómo empezar a sacar el tema?

  • No es buena idea a 20 de agosto entre ola y zambullido decirle: “pronto vuelves al cole, eh? ¿Tienes ganas?” Naturalidad ante todo. No hagamos el problema antes de que surja. De hecho para algunos niños la vuelta al cole no es nada traumática.

  • Está bien comentarle que mamá y papá también empezarán a trabajar, pero cuidado con hacerle partícipe del palo que te hace a ti volver al trabajo. Evita repetir cada día en el desayuno frases tipo: “con lo bien que estamos durmiendo hasta tarde ¿verdad?” o “A mí también me encantaba ir a la piscina pero ya no podremos ir más”.

  • Una buena anticipación sería como muy pronto dos semanas antes de que empiece el curso, hablándole de aquellas cosas que sí le gustan del cole, explicándole las novedades que habrá en el nuevo curso, aquello que sucederá, etc.

  • En este sentido también puede ayudar preparar algunas cosas con ellos: elegir una nueva mochila, comprar algo de ropa. También quedar con algún amigo del cole o ir a jugar al parque donde soléis ir durante el curso.

  • Finalmente, recomiendo que intentéis desmontar al máximo la asociación de temporada cole = aburrimiento, y esto está en vuestras manos. Una vez empiece el nuevo curso, no te dejes llevar por tu depresión postvacacional, líbrate de la rutina trabajo-cole-casa. Es necesario continuar dedicando algunas tardes y los fines de semana a actividades divertidas. Aunque a veces nos pueda el cansancio, ¡que no termine la fiesta!

 

*Podéis contactar con Clara Garcia Blanch en Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

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Vacaciones de verano: cómo convertirlas en un tiempo sano en familia

El verano ya llegó y con él las vacaciones, al menos para los más pequeños. Cuando termina el cole surge la pregunta: ¿qué hacemos con el tiempo libre de nuestros hijos? Hay que considerar dos aspectos: la conciliación (qué decidimos que hagan los niños mientras los adultos estamos trabajando), y el tiempo en familia (qué decidimos que hagan los niños cuando nosotros estamos con ellos).  En este post voy a ocuparme del segundo aspecto, dando algunos consejos prácticos para lograr un tiempo sano en familia.

  • Tiempos: la familia es un equipo integrado por miembros con mucho en común pero  distintos entre sí. Intentad respetar los tiempos de cada miembro de la familia. Que a nadie le falte un rato de diversión, que haya ocasiones de disfrutar para cada miembro de la familia, no siempre para uno de los hermanos porque tiene peor carácter, o para la madre porque trabaja mucho, etc.

  • Planificación: improvisar relaja y es propio de las vacaciones, pero organizar un poco el día puede ayudar a sentir que lo hemos aprovechado mejor y disfrutarlo más. A partir de cierta edad (5 o 6 años) la planificación puede hacerse con la participación de los niños y decidir juntos algunas de las actividades del día: ¿qué nos apetece hacer hoy? No hace falta hacer siempre lo que el niño pida, simplemente incluirlo en la conversación.

  • Equilibrio: como madres y padres de vacaciones, los hay que se exigen mucho y los hay que se exigen poco.

  • Para los muy exigentes: cuidado con montar un casal de verano en tu casa y colmar el día de actividades extraordinarias, para luego llegar al 15 de agosto muriéndote de ganas de volver al trabajo. Tus hijos no te lo agradecerán, y tu organismo tampoco. Acéptalo, no te gusta el zoo. A lo mejor no es la actividad semanal ideal para tu familia. Con que vayas de vez en cuando es suficiente.

  • Para los poco exigentes: el dejarles demasiado tiempo libre sin ninguna directriz ni plan os va a pasar factura. Si bien el aburrirse de vez en cuando no es malo para nadie, una actitud de cansancio y hastío no aporta nada bueno en tu tiempo veraniego familiar. Acéptalo, tienes que ir al zoo, al menos una vez y con alegría.

  • Rutina: no perder del todo una rutina os ayudará a pasar buenas noches y no alterar tanto a los niños. Es muy difícil que durante las vacaciones los horarios no cambien, pero conviene establecer una mínima rutina con la hora de acostarse, levantarse, y también en las comidas. Seguramente todo se retrasará como 2 horas, no es un problema siempre y cuando este retraso no sea intermitente.

  • Creatividad: disfrutad de los pequeños momentos del día a día con tranquilidad. Algo cotidiano como un desayuno se puede transformar con un poco de imaginación y el tiempo que nos dan las vacaciones en un rato extraordinario.

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Grupos de padres y madres de WhatsApp: cómo prevenir algunos peligros

- ¿Alguien me puede decir los deberes de hoy? Mi hijo no lleva nada en la agenda…(emoticonos variados)

- ¿Alguien me puede mandar una foto del libro de mates pág 64 ej 2?

- ¿A vosotros también os pone en la agenda que mañana hay que traer un compás?

- ¿Alguno ha tenido ya reunión con la tutora? A nosotros todavía no nos han dicho nada…

La lista de guiones podría ocupar todo el post. A pesar de los infinitos mensajes en el grupo y las quejas que suscita, todo el mundo está en él, no sea que nos vayamos a perder…¿el qué?

- El primer consejo es precisamente éste: plantéate qué función tiene estar en ese grupo.

- Si lo haces porque tu hijo no lleva nunca los deberes apuntados en la agenda, am menudo se olvida los libros, o la chaqueta…el grupo de WhatsApp no es tu solución. Habla con él y con la tutora de sus despistes. Ayúdale a organizarse y buscad juntos maneras de solucionar los problemas de cada tarde.

- Si lo haces porque tu hijo no te cuenta nada de lo que ha hecho en el cole y tú te quieres enterar. A través del grupo te enterarás de lo que ha sucedido según la experiencia de los hijos de los demás. Puede ser práctico para enterarte de según qué cosas, normalmente superfluas, pero no te servirá para acercarte a tu hijo y saber cómo fue su día. Si nos limitamos a preguntarle “qué tal hoy en el cole”, lo más normal será recibir un seco “bien” por respuesta. Juega con él cada tarde en lugar de limitarte a preguntar, ya verás cómo poco a poco irá soltando algo sobre su día en el cole, si no explícitamente, a través del juego.

- Porque quieres integrarte. Bueno, puede servir. Sirve más charlar a la salida del cole, o en el parque, pero sí podría ser un motivo con sentido. El grupo de padres y madres es para vosotros, porque a vosotros os gusta, os interesa, os da pereza salir de él o decir que no, etc. Hay que tener claro que no tiene ningún fin educativo, aunque la causa de que exista sea que vuestro hijo va al cole.

A nivel más práctico si no quieres renunciar a él, qué NO hacer:

- Criticar. Huye de las indirectas sobre algún maestro como huías antes del chismorreo en el parque. No alientes rumores.

- Sentirte responsable de responder todas las preguntas que se hacen. De la misma forma que tú has logrado enterarte de qué color tiene que ser la camiseta para el concierto de mañana, el resto también puede hacerlo.

- Solucionar los problemas de tu hijo. Llevas años repitiéndole que los conflictos se resuelven hablando, y WhatsApp no cuenta como hablar. Además, en la solución de un conflicto entre niños, ¡tienen que estar los niños! Finalmente, lo que sucede en el cole, se debería poder resolver en el cole.

- No lo uses contra el aburrimiento. Mejor escribe a un amigo, lee un libro y habla con los que tengas delante, que probablemente sean tu familia.

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Ocho claves para poner límites

Marcar límites a nuestro hijo es una forma más de expresar que le queremos y que estamos cuidando de él, ya que los límites nos orientan y nos dan seguridad. Para marcar un límite hay que estar convencido, porque no siempre es fácil y conviene hacerlo de forma clara. ¿Cómo lograrlo?

  • Tenemos que estar preparados para mantenerlo, pase lo que pase. Una vez se nos escape de la boca el apaga la tele ya, no hay vuelta atrás. Podemos negociar los típicos 5 minutos, pero no deberíamos permitir que se conviertan en 30. Primero porque si es así, mejor te hubieras callado dejándole mirar la tele media hora más, ahorrándote de paso la pataleta que te has tenido que comer. En segundo lugar, porque das a entender que el límite que marcas no debe ser tenido en cuenta.
  • Cuando ante el límite marcado nos contestan: ¡NO¡, es de gran ayuda exponer las consecuencias que puede conllevar no cumplir con el límite: hoy a la hora de cenar no podrás ver ningún capítulo (continuando con el ejemplo de apagar la tele). Hay niños que funcionan mejor a nivel verbal, cuando se les explica una posible consecuencia, mientras que otros en cambio necesitan que el límite sea marcado tajantemente (que vayas tú y apagues la tele).
  • Anticipar el límite funciona muy bien: recuerda que cuando termine este episodio tendremos que apagar la tele para ir a la ducha.
  • Es muy tentador no intervenir para ahorrarnos una pataleta. En estos casos, plantearos lo importante y prioritario para vosotros y cumplid siempre con lo que os hayáis propuesto.
  • No se trata de mantener el límite sólo en el momento en que se marca, si no siempre que se dé la misma circunstancia. Si algunos días permitís que vea según qué programa y otros no en función de vuestro cansancio o humor, mejor dejad que lo mire siempre. Los límites “intermitente” son un peligro, generan desorientación e inseguridad.
  • A partir de los 6 años más o menos, muchos niños comienzan a exigir explicaciones concretas antes de cumplir con el límite que se les marca, siempre cuestionado. Como ya comentamos en el post sobre castigos, no es necesario dar siempre una explicación: primero porque hay motivos que el niño todavía no puede entender, y segundo porque es positivo aprender que hay cosas que no tienen explicación alguna.
  • Un límite no tiene por qué ser una prohibición o una negación. De hecho, como su nombre indica, es el establecimiento de un marco, unos bordes, una frontera. Limitar significa marcar el terreno por el que los niños transitan, explorando y experimentando, para que puedan aprovechar y gozar al máximo de lo que este terreno les ofrece, con seguridad y confort.
  • Finalmente, si eres de los que piensa que los límites no son buenos, ten en cuenta que no podrás librarte de ellos. ¡La vida está llena de límites! Y además habrá situaciones en las que no tendrás más remedio que intervenir: cuando tu hijo se ponga a sí mismo en peligro, o cuando no respete a los demás. No marcar ningún límite, es tan inadecuado como imposible.

  *Podéis contactar con Clara Garcia Blanch en Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

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¿Cuál es el mejor colegio para mi hijo?

 

Dudas, pánico, estrés, foros, chats de madres o charlas en el parque. Sí, ha llegado. Empieza la época en que padres y madres estamos ansiosos y preocupados por elegir la mejor escuela para nuestros hijos. Y, como padres, nos inunda una enorme responsabilidad ante esta decisión.

Elegir el mejor centro educativo no es una tarea fácil. A parte del dichoso orden de inscripción y de los tormentosos sorteos para entrar en la escuela deseada, que no depende de nosotros, también nos preocupan otras cuestiones que van  a hacer decantar la balanza hacia un centro u otro.

No existe ninguna ecuación mágica que nos ayude a resolver este rompecabezas sobre la elección del centro. Pero sin duda, nosotros, los padres, debemos tomar esta decisión.

Para empezar intentaremos hacer la pregunta correcta para poder obtener la respuesta más adecuada, y así tomar la mejor decisión. Hacerse la pregunta correcta es esencial para el día a día y, sobretodo, para la toma de decisiones.

¿Cuál es el mejor colegio? versus ¿Cuál es el mejor colegio para mi hijo?. La primera pregunta parece fácil de responder. Existen páginas especializadas en hacer ránkings de centros educativos según diferentes variables: qué centro tiene mejores resultados en matemáticas, en lenguas, en ciencias, en sus instalaciones, etc… Pero no siempre la “mejor escuela”, con los mejores resultados, es la mejor escuela para nuestros hijos.  Debemos pensar en las prioridades y expectativas que tenemos como padres ante la educación de nuestros hijos.

No se trata de pensar en si queremos un hijo cirujano o arquitecto. Se trata de tener una visión general e integral de la persona en la que queremos que se convierta. Pero todo ello no depende única y exclusivamente de la escuela. Debemos entender la escuela como una prolongación de nuestra casa. En una prolongación de los valores que queremos transmitir a nuestros hijos. De este modo quizás nos es más fácil centrarnos en cuál va a ser la mejor escuela para nuestro hij@.

Así podremos determinar si queremos llevar a nuestro hijo a un colegio de élite, a uno religioso, a uno bilingüe, a una escuela pública o a un colegio especializado en música. No podemos olvidar que el colegio proporcionará a nuestros hijos herramientas importantes en su desarrollo, en su autonomía, en su personalidad y en sus saberes. Por eso es también importante decidir si el centro que elegimos está o no cerca de nuestro hogar. Si el centro está a dos horas de nuestra casa es probable que el descanso de nuestros hijos se vea alterado y, en consecuencia, los resultados también se vean afectados.

Por todo ello propongo algunos puntos a tener en cuenta a la hora de elegir el mejor centro para nuestro hijo.

  • COLEGIO PÚBLICO, CONCERTADO O PRIVADO.

Muchos padres empezamos la selección en base a este criterio.

Los colegios públicos son centros laicos financiados y gestionados por el gobierno con ayuda de las administraciones de cada zona. Suelen ser escuelas desde p3 hasta 6º de primaria. Más tarde los alumnos accederán al instituto. Las plazas suelen ser limitadas, y para acceder a ellas se deben cumplir una serie de requisitos propuestos por la administración (cercanía de la vivienda, número de hermanos, etc). Por lo tanto los padres podemos presentar la solicitud pero no por ello se garantiza una plaza. Ante igualdad de condiciones, si las solicitudes superan a las vacantes las plazas se otorgarán por sorteo.

Los colegios concertados son de titularidad privada pero con fondos públicos. Tienen cierta libertad en la gestión del centro y de sus trabajadores, pero deben cumplir algunos requisitos establecidos por el gobierno. Generalmente suelen tener todos los niveles del sistema educativo: desde educación infantil, primaria, secundaria hasta el bachillerato. Dado que su financiación es parcialmente pública el acceso a los centros concertados, actualmente en Cataluña, también se basa en el sistema de sorteo de plazas, como en la escuela pública.

Los colegios privados son una empresa privada financiada por los padres de los alumnos. Por ello tienen libertad de gestión, y cierta libertad en el currículum, dentro de los límites establecidos por el gobierno. Suelen impartir también todos los niveles académicos.  El acceso y el límite de plazas viene determinado por los criterios de la misma escuela.

  • VISITAR VARIOS CENTROS.

Debemos hacer una lista de los colegios que queremos visitar. Una vez en ellos fijarnos no sólo en sus instalaciones, en el comedor, en las mesas o en las aulas, sino prestar especial atención en el clima que encontramos en el centro. Me refiero a si las paredes están decoradas con trabajos de los alumn@s, a las explicaciones de los profesores o a las actividades que proponen. Todo detalle cuenta. También es interesante fijarse en cómo reciben o despiden los profesores a los alumnos, el tipo de familias que encontramos en las salidas, los horarios de tutorías con los padres, las actividades extraescolares o la conexión con el barrio. Esos pequeños detalles que a menudo pasan desapercibidos pero que son fundamentales. Debemos pretender que la escuela forme a nuestros hijos a un nivel integral como personas. Atendiendo a la parte ética (valores como el respeto, la solidaridad, la tolerancia), académica, afectiva/emocional (autoconocimiento, autoaceptación, sensibilidad) y a la parte trascendente (espiritualidad).

  • CARÁCTER DEL CENTRO.

El centro escolar al que irá su hijo tendrá un carácter determinado y determinante. Debemos tener en cuenta las cuestiones propias del centro y ver si éste se adecúa a la personalidad de nuestro hij@ y a nuestros principios.

  • El ideario del centro. Es importante que la ideología del centro coincida con la nuestra. Si no queremos que nuestro hijo/a estudie religión lo más seguro es que no lo llevemos a un centro religioso.

  • Las extraescolares. Las extraescolares suelen pasar desapercibidas, pero no olvidemos que debemos tenerlas en cuenta y entenderlas como una formación complementaria. Natación, ajedrez, lectura, idiomas, música o baile pueden interesar a nuestros hijos y debemos decidir, con ellos, si puede ser una actividad complementaria a su formación.

  • Departamento de orientación. Que la escuela tenga un gabinete psicopedagógico es importante para detectar y ayudar en el caso de que nuestro hij@ pueda necesitar alguna ayuda puntual o permanente en su formación.

  • Proyecto educativo. Saber cómo se transmiten los conocimientos en la escuela es importante. Qué metodologías utilizan para el desarrollo de las actividades académicas y qué técnicas utilizan para motivar a los alumnos.

  • Nivel educativo. La opinión de otros padres es interesante conocerla. Las asociaciones de padres de algunas escuelas están perfectamente integradas en las jornadas de puertas abiertas y podemos acceder fácilmente a sus experiencias. Las pruebas de 6º de primaria o los resultados de selectividad también pueden darnos algunas informaciones académicas.

  • Horarios. Informarnos de los horarios del centro es importante para la organización familiar y del alumno. Saber si existe una aula de acogida para las mañanas o un espacio de estudio para las salidas nos ayudará a organizarnos.

  • Cercanía. Tener la escuela cerca es importante para la economía temporal familiar y las relaciones sociales que pueda establecer nuestro hij@. Es importante contemplar el tiempo de descanso y los espacios de juego y de estudio.

Todas estas cuestiones aquí planteadas pueden ayudarnos a realizar un esquema mental en el momento en que vayamos a tomar la decisión de escoger un centro u otro para nuestro hijo/a. De todas formas, no olvidéis que si el centro educativo no os ofrece aquello que parecía siempre podéis acceder a otro centro. Las decisiones que tomemos siempre van a ser las que creemos mejor para nuestros pequeños. Todas las escuelas son buenas; nuestro trabajo es intentar encontrar la que mejor se adapta a las características de nuestros hij@s. Pero debemos tener siempre presente que la educación más importante es la que podamos ofrecer nosotros en casa.

*Podéis contactar con Irina Miracle en Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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¿Por qué está mal visto castigar?

Cuestionarse, ser cuestionado, plantearse y replantearse, leer artículos y libros, conversar, comparar, interrogar, ¡hasta ver documentales y reportajes! Es típico poner en duda lo que uno está haciendo como padre y llegar a la conclusión de que lo estamos haciendo mal.

Conozco el caso de un pediatra que les dijo a unos padres: Miren, si le toleran todo y son demasiado flexibles, de mayor les dirá “papás, ¿por qué me malcriasteis tanto?”, mientras que si son muy estrictos e intransigentes, de mayor les dirá “¿por qué fuisteis tan duros conmigo?”, así que hagan lo que buenamente puedan, y déjense guiar por su sentido común.

Pues bien: lejos de seguir este consejo, últimamente algunos ponen los castigos en tela de juicio. En este artículo vamos a tratar qué son y para qué sirven, con la intención de dar seguridad, resolver algunas dudas y reforzar el sentido común y la intuición.

  • Es imprescindible saber por qué se castiga. El castigo no es un fin en sí mismo. Persigue algo. Si no tenemos claro el objetivo que perseguimos, ¿para qué castigamos?

  • ¿Queremos que el niño aprenda algo o queremos que una conducta indeseada no se repita? ¿Castigamos por su bien o por nuestro enfado? Si somos capaces de hacernos estas preguntas y tenerlas en cuenta antes de aplicar un castigo, probablemente castigaremos muy poco,  fácilmente lograremos una respuesta hacia el niño adecuada y proporcionada, en lugar de una respuesta incoherente que no viene a cuento, que genere  al niño desorientación, malestar y sentimiento de culpa, que es lo que se le ha venido reprochando al castigo últimamente.

  • El castigo para aprender, durante la primera infancia no tiene mucho sentido. La naturaleza misma ya proporciona los aprendizajes necesarios durante esta etapa del desarrollo: si no miras por donde andas te caes, el fuego quema, el cuchillo corta. Estímulo-respuesta.

  • El castigo para que una conducta no se repita tiene que ser claro y conciso, correspondiente a la edad del niño y estar vinculado con la conducta a corregir. Para ello, debemos plantearnos el motivo de este comportamiento indeseado. Si el niño empieza a cambiar la actitud solo por miedo o para evitar el castigo, les damos puntos y con razón a los que rechazan los castigos.  ¿Realmente el niño está preparado para lo que le estamos pidiendo? De lo contrario, por muy grave que sea el castigo, no podremos remediar esa conducta y causaremos en el niño mucho malestar y sentimiento de culpa. Evitemos trasmitir como indeseadas aquellas conductas que tienen que ver con su desarrollo: miedos nocturnos, control de esfínteres, celos, pataletas, etc.

  • Para no sentirnos culpables, solemos acompañar el castigo con largas explicaciones. Nos encontramos a las diez de la noche de rodillas hablándole a un niño de 3 años muerto de sueño y lleno de mocos sobre lo inoportuno de tirar un vaso al suelo. Hay momentos para todo. Hablar sobre lo sucedido cuando el niño no esté enfadado puede ser bueno, tan bueno como el experimentar que a veces hay cosas que no tienen ninguna explicación.

  • En resumidas cuentas: lo malo no es el castigo, es que nuestras acciones educativas estén guiadas por el hastío, la pereza, la rabia o la incoherencia.

 *Podéis contactar con Clara Garcia Blanch en Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

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Queridos Reyes Magos: consejos para antes, durante y después de escribir la carta

 

ANTES de escribir

  • Cuando se acerca la Navidad, dedicar una tarde del fin de semana a revisar los juguetes con tus hijos es útil además de pedagógico. Ordenar, descartar y una vez decididos, tirar, regalar o donar. Intentemos evitar dramas y ser demasiado duros, si a nosotros nos cuesta desprendernos de según qué objetos que no usamos desde hace siglos, imaginaros a un niño. Tiene que ser una actividad relajada, de lo contrario, mejor hacerla sin ellos. También en el caso de que todavía sean pequeños (menos de 5 años), esta tarea nos tocará hacerla a los adultos solos, pero resulta igualmente recomendable para no ahogarse después en montañas de juguetes.

  • Aunque queramos que piensen por sí mismos, los niños son influenciables, aprenden por imitación y suelen guiarse por los modelos que se les ofrecen. Los publicistas lo saben. Los anuncios son como el azúcar: cuanto más tarde empiecen, mejor. Se puede posponer  o reducir la exposición a anuncios de varias maneras. Una es tirar a la basura sin parar a pensarlo todos los catálogos de juguetes. Pero probablemente esos colores chillones ya habrán llamado la atención de tu hijo, antes que la tuya. Otra alternativa es mirar los dibujos por internet o en un dvd, en lugar de verlos por televisión. Si no se pueden evitar, conviene comentarlos juntos y desmitificarlos.

  • El anterior post sobre juguetes no se titulaba Menos es más en balde. Ya lo dice el refrán popular “la avaricia rompe el saco”, que en nuestro caso sería: si pides tantas cosas, quizás los Reyes no puedan traértelo todo. O directamente: hijo sólo tres cosas. Esto ya depende de vuestra forma de educar pero, en general, es muy recomendable conversar sobre las cosas que se piden con el tiempo suficiente y antes de mandar la carta.

Escribiendo

  • El niño pide lo que le atrae y seduce, lo que desea. Vosotros debéis encontrar el equilibrio entre los juguetes que desea y aquellos juguetes con los que vosotros sabéis que va a disfrutar, cosa que a veces no coincide. Ni todo calcetines y puzles, ni todo Soy Luna y la Patrulla Canina. Este es uno de los motivos por los cuales escribir la carta juntos es un acierto.

  • Escribiendo la carta se pueden aprender muchas cosas, sobre todo a partir de una edad en la que ya se empiezan a hacer pequeñas reflexiones, a escribir y a poder anticipar cosas que sucederán a medio plazo (más o menos a partir de P5 o primero de primaria). Compartir juntos el momento de la redacción sin prisas, dibujando, borrando, rehaciendo, dejándola reposar unos días, puede ser enriquecedor y muy agradable.

Cuando ya se ha mandado la carta

  • No perdáis de vista que los Reyes sois vosotros. El hecho de que esté escrito en la carta, no significa que se lo tengan que traer sí o sí. Está en vuestras manos.

  • Si los Reyes ven que te portas así no te van a traer nada. Mejor guardar esta estrategia sólo para casos extremos. En la medida de lo posible, hay que intentar dejar a los Reyes Magos en el terreno en el que están, el de la magia, la imaginación y la bondad. Por otra parte, si tiras demasiado de esta amenaza, ¿qué vas a usar el 10 de enero? Porque lo de todavía pueden volver y llevárselo todo no les acaba de convencer…

  • El escribir una carta para pedir aquello que se quiere tener sirve también para trabajar la tolerancia a la frustración (la reacción del niño cuando algo no sale como a él le gustaría). Algunos tienden a descubrir el regalo de sus sueños el día 5 de enero a las diez de la noche. ¿Qué hacer? Experimentar el hecho de que los Reyes no lleguen a todo y no cumplan siempre con absolutamente todos nuestros deseos, es comenzar a familiarizarse con algunas realidades inevitables de la vida.

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Juegos y juguetes: menos es más

Hay que jugar. Jugando se explora, se experimenta, se prueba, se aprende. El juego es una actividad imprescindible para nuestro desarrollo y además, es divertida. Los niños inician el juego de una forma muy natural, sin necesitar para ello ningún juguete específico. Cualquier cosa puede servir para desempeñar el juego deseado.

Sin embargo son muchos los juegos y juguetes que nos regalan sumados a los que queremos regalar a nuestros hijos, sobre todo en Navidad. A continuación se ofrecen algunos criterios educativos e ideas prácticas sobre la elección de juguetes y la mejor forma de tenerlos en casa.

  • Cuando compramos un juguete…: “aquí pone a partir de 5 años pero él es muy listo”. De acuerdo, pero no se trata de tener en cuenta lo más o menos listo que el niño sea, se trata de proporcionarle juegos que le estimulen conforme a su nivel de desarrollo. Sólo así el juego puede resultar una vía de experimentación, aprendizaje y diversión, que es lo que tiene que ser.
  • Hacer andar una muñeca no es lo mismo si la muñeca ya anda sola. Habrá experimentación e imaginación igual, pero más limitada. Mejor evitar la introducción en el juego de todo lo electrónico, con pilas, batería, etc.
  • Tablet, smartphone, playstation, wii...Siendo realistas, si no lo vamos a evitar, al menos intentemos posponerlo. No es lo mismo empezar a jugar a la play a los 7 que a los 10. ¿Tan malo es? No. Es malo cuando el tiempo de dedicación a ello es excesivo, es decir, impide el resto de juegos. Si el hecho de jugar con la tablet no impide poder jugar el mismo día al escondite con los amigos, a un juego de mesa en familia o a algún juego en solitario (coches, muñecas, cocina, etc), no le veo el daño por ninguna parte. 
  • ¿Qué porcentaje de juguetes usa tu hijo a diario del total que tiene en casa? Pues eso. La cantidad es relevante para el adulto, no para el niño. Somos los adultos los que habituamos a los niños a una cantidad de objetos inabarcable para ellos. En estos casos habría que plantearse a quién le hace ilusión realmente colmar al niño de juguetes. Demasiada oferta puede generar saturación, sobreestimulación, desorientación y desorden. Esto no es lo que persigue la aventura de jugar.
  • Algo que sí que atrae a los niños y les resulta estimulante es la novedad, lo desconocido. Hay familias que esconden algunos juguetes de reyes durante unos meses, evitan la saturación y en el aburrido mes de marzo aparecen en casa nuevos juegos. Intercambiar juguetes por un tiempo con algún amigo también es una buena idea. Ordenar juguetes y juegos para no tener a mano aquellos con los que no se está jugando, es una buena práctica a realizar todo el año.
  • Finalmente, no renunciéis a los clásicos. Siempre es un placer observar cómo una caja de cartón puede convertirse en coche de carreras, casa o microondas como por arte de magia.

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Es mío: forzar a tu hijo a compartirlo todo, no lo hará menos egoísta

 

Es mío. Por supuesto que es suyo, y quiere que continúe siéndolo. ¡Cuántos roces, dudas, negociaciones, trueques, chismorreos en el parque nos ha generado el tema del compartir! La solución nunca es fácil cuando se trata de un grupo de personas muy variado que se conocen poco entre sí. Nuestro deseo suele ser que los niños compartan. ¡Que compartan todo! Pero ya habrás experimentado que no siempre es posible. De la misma forma, tú prestas determinadas cosas con más facilidad que otras, y solo a según quién.

Cuando no estamos solos, el gran reto es: ¿cómo generar el mínimo de conflictos, sin por ello renunciar a mi forma de educar?

Lo que hagas para lograr este objetivo variará mucho en función de cómo sea tu hijo. Hay niños más bien tímidos, que normalmente necesitan la intervención del adulto para pedir un juguete que les gusta, o turno en el columpio. Hay niños que quitan de las manos al resto todo lo que les llama la atención (no por ello son malos, o peores, ¡por favor!). Los hay que quieren ir al parque con toda la casa a cuestas, otros con un único objeto que no pueden ceder a nadie por nada del mundo, les va la vida en ello (y a ti también porque sin él no duerme...). Están también los de la moto eléctrica, cómo no mencionarlos. La lista sería interminable. ¿Y qué pasa con los adultos? Pues que también hay de todo. La variedad en la sesión de parque pues, está servida.

¿Qué hacemos entonces con los rifirrafes del compartir?

  • Tener en cuenta la edad del niño. Por debajo de los tres años yo no forzaría a compartir los juguetes. Lo más probable es que todavía no puedan comprender lo que el compartir implica, es decir, que no están preparados para ello. ¿Y si el otro niño, o lo que es peor, la madre del otro niño lo vive mal? Pues dependerá de tu carácter. Lo más fácil suele ser encontrar una frase que justifique tu acción de forma sencilla: ahora está jugando él con el coche y no tiene ganas de prestarlo. Y encontrar una compensación: cuando deje de jugar con el coche te aviso.
  • Intervenir lo menos posible. Si has venido al parque a que tu hijo juegue, déjalo jugar. Observa tranquilamente y cuando veas asomar un conflicto, aunque te cueste un poco, espera unos segundos. Prueba a ver qué sucede si dejas que lo resuelvan entre ellos. Puede que te lleves una grata sorpresa.
  • O puede que intervenga otro padre. No te enfades. ¡Y sobre todo no le des lecciones!
  • Finalmente, asumir la posibilidad de ser los raros del parque. Se dice que el sentido común es el menos común de los sentidos...y educar requiere muchas dosis del mismo. Así que si cuando salgáis de casa vais a continuar educando según vuestros principios, resultará inevitable que alguien se extrañe, se sorprenda, o incluso juzgue. ¿Y qué?

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El colegio público Joaquim Ruyra cuestiona las teorías sobre el determinismo educativo

El colegio público Joaquim Ruyra de L'Hospitalet de Llobregat sorprende con sus excelentes resultados en las pruebas de competencias básicas de primaria que realiza la Generalitat.

El centro, público y con una población escolar en la que el 90% de los estudiantes son de origen extranjero y más del 95% reciben una beca de comedor, rompe con todas aquellas teorías pedagógicas que vinculan los resultados escolares de un niño al nivel de formación que tienen sus padres (y sobre todo a los estudios de la madre).  

 

La receta del éxito: familias implicadas, trabajo en equipo y nada de improvisación

 

Un problema administrativo dejó al Joaquim Ruyra fuera del listado de centros educativos de máxima complejidad socioeconómica y, por lo tanto, sin la plantilla de maestros adicionales que la Conselleria d'Ensenyament destina a este tipo de colegios. Pese a ello, la treintena de docentes que trabajan en el colegio “han conseguido que una escuela que hace unos años era un centro con graves problemas sociales y de convivencia, ahora esté rayando la excelencia”, destaca Jaume Graells, concejal de Educación del Ayuntamiento de L'Hospitalet.

Las aulas abiertas, el aprendizaje activo y colaborativo entre los alumnos y la implicación de las familias en la vida escolar no solo han mejorado los resultados en las pruebas de competencias básicas de primaria, sino que casi el 90% de los alumnos que llegan al bachillerato en el instituto del barrio, el Fontseré, son exalumnos del Ruyra.
 
Podéis leer la notícia completa aquí.
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Las expectativas hacia el futuro de los adolescentes, en el programa de Jordi Évole

 

Jordi Évole ha tratado este domingo en su programa la preocupación por parte de los padres hacia el futuro laboral de sus hijos y el papel que se le otorga a la escuela en este aspecto. El programa también ha querido dar protagonismo a los afectados, mostrando las opiniones de un grupo de alumnos.

Me imagino a muchos padres sentados en el sofá mirando el programa y a sus hijos al lado, o en la habitación, con el móvil, o un ordenador. Algunos habrán pensado: “pues a mi hijo, no parece preocuparle mucho qué quiere ser de mayor”. Ni al tuyo, ni a muchos otros. Me gustaría saber si el grupo que aparece en el documental, es realmente una clase del instituto o alumnos preseleccionados que estaban interesados en participar. Me ha faltado la intervención de algún adolescente que contestara: “me la pela todo” o “yo qué sé” y relajara a todos aquellos padres que desde casa, viendo a los adolescentes en la pantalla tan convencidos de lo que querían, se estuvieran preguntando: ¿será mi hijo más apalancado de lo normal?

El caso es que cuando se pone a debate una cuestión tan central como el futuro laboral de la próxima generación, aquellos que les dieron vida, sus padres, son cuestionados, y sus profesores, también. En un contexto donde la paternidad, la crianza y la educación han pasado a ser fenómenos mediáticos, los padres se plantean más a menudo que nunca si lo estarán haciendo bien, y entre muchas otras cosas, no pueden evitar preguntarse si eligieron correctamente el centro de estudios para sus hijos, o si realmente los profesores están capacitados para preparar a los alumnos para el mundo que les depara el futuro.

Las expectativas puestas en el centro de estudios, son casi tan altas como las que ponemos en el futuro de nuestros hijos, y esto a veces genera una presión sobre nosotros que hace que perdamos de vista lo más esencial: que el criar y el educar, se van tejiendo en el día a día, con pequeños momentos de conflictos, confianza y amor. Para ello nos falta tiempo, y nos sobra trascendencia. 

Podéis ver el programa completo aquí.

*Podéis contactar con Clara Garcia Blanch en Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

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Rabietas: algunas claves para no desesperarse (del todo)

*Podéis contactar con Clara en Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Si tu hijo tiene entre 2 y 5 años y te monta una pataleta cada dos por tres, alégrate. Es una persona descubriendo su propio ser e intentando remarcar a todo el mundo que su yo, la realidad del cual acaba de descubrir, existe, es valioso, y ha llegado para quedarse.

Pero aunque las rabietas formen parte del desarrollo, no gustan a nadie. Como bien sabrás, en materia de educación no hay remedios infalibles, pero en el mundo de las rabietas podemos descubrir algunas claves que nos ayuden a lidiar con ellas:

  • Como ya hemos dicho, forman parte del desarrollo, por lo tanto, a no ser que te niegues a que tu niño crezca, no te obsesiones con que desaparezcan.
  • No te enfades. Lo último que necesita un niño con una rabieta es un adulto con una rabieta. No mostrarse enfadado no significa ceder. Aunque la escena resulte un tanto cómica, sería interesante que consiguieras transmitirle a tu hijo esta idea: “no estoy enfadado contigo aunque tú lo estés, no obstante no te compraré el helado”. El límite que ha conducido a la rabieta se mantiene siempre, pero tranquilamente.
  • El clásico: hay que ir todos a una. Intenta que la abuela en medio de la pataleta no le compre el helado.
  • Los niños parece que huelan cuando tenemos un mal día, de hecho, lo hacen. Habrá días en los que te sacará de sus casillas y chillarás, o cederás, días en los que te enfadarás de todo corazón. No te exijas tanto. No pasa nada, no es irreversible, todos sois humanos. Quizás este tipo de día no sea el más indicado para insistir en que cene lo que menos le gusta pero más le conviene…
  • El gran dilema: “cuando se ponen así, lo hacen para llamar la atención, no le hagas ni caso”. A ver…sin pasarse…Tú conoces bien a tu hijo y conoces sus límites, sus malestares, sus inquietudes. Tenlas en cuenta. Ignorarlo completamente como si no existiera, será difícil para él y para ti. En el otro extremo, echarte tú también en el suelo e intentar abrazarle (si es que lo consigues) como si de un bebé se tratara, tampoco parece ser una buena idea. El lenguaje, que es lo que probablemente tu hijo en ese momento no domina de todo, es la clave en estos casos. Háblale, pon palabras a su malestar y no le hagas preguntas, no es momento de conversar. Si te separas un poco (que no es mala idea), se lo puedes decir.
  • Desviar el centro de atención: “Mamá quiero un helado”. Respuesta: “¡Oh, mira qué coche más bonito!” A menudo no funciona, pero con un poco de teatro puede que sí, y no te cuesta nada el intentarlo…
  • Finalmente, no hagas caso de nada de lo que acabas de leer si con ello no actúas siendo tú mismo. Los niños en esta fase de descubrimiento y expresión de su personalidad, necesitan amor y seguridad. Ver a unos padres que actúen según un manual como un autómata, les inquietará todavía más.
  • ¡Y procura mantener el sentido del humor!

 

 

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Ikea y los deberes: Analizamos la campaña “Salvemos las cenas”

En el contexto de la “vuelta al cole” y bajo el lema “Cenología, menos deberes y más cenas en familia” IKEA lanzó #SalvemosLasCenas, una campaña que reivindica cómo las cenas pueden ser un momento idóneo para aprender en família.

Según el informe PISA 2012, España es el 5º país de la OCDE en el que más tiempo dedican los niños a hacer deberes. Esto supone más de 6 horas semanales.  A raíz de este dato, IKEA ha realizado un estudio, “Salvemos las cenas: cómo influyen los deberes en el día a día de los hogares españoles”, en el que revelan que el exceso de deberes afecta seriamente a las cenas en familia y, por tanto, a las relaciones entre padres, hijos y hermanos.

Puesto que es un tema polémico, con este vídeo vamos a iniciar una serie de posts para debatir la necesidad de los deberes en los colegios españoles, con la visión de profesionales de la educación.

 

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26 Abril 2017
esto es una mrd no entiendoo
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21 Abril 2017
Me gustó la información, es concreta pero con formas de aplicar lo que se explica, gracias

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