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Blog escoles.barcelona

En el blog trataremos temas de educación y crianza, con la ayuda de profesionales del sector.

Volver a empezar

Volver a empezar después de las vacaciones cuesta. Arrastramos sueño porque todavía vamos con el horario veraniego, sentimos que nos falta tiempo libre, el tiempo que hasta hace pocos días no dedicábamos a trabajar, y por si esto fuera poco, parece que los días empiezan a hacerse más cortos poquito a poco y como te descuides, pronto estarás pensando en la Navidad. ¿Les cuesta también a los más pequeños? Por supuesto. A continuación encontraréis algunas cosas a tener en cuenta para acompañarles en este proceso y aligerarles un poco el estrés de la vuelta al cole.
 
  • Los niños son especialmente vulnerables al cambio de horario y de rutina. Conviene recuperar el horario del curso escolar cuando todavía se esté de vacaciones. La semana antes adelantar la hora de irse a la cama, que las comidas empiecen a ser más regulares, etc. Relajadamente, pero anticiparnos un poco al primer día.

  • Tres meses en el universo infantil son mucho tiempo. Tratar el tema de la vuelta al cole con los niños antes de que llegue el día es necesario pero, ¿cuándo y cómo empezar a sacar el tema?

  • No es buena idea a 20 de agosto entre ola y zambullido decirle: “pronto vuelves al cole, eh? ¿Tienes ganas?” Naturalidad ante todo. No hagamos el problema antes de que surja. De hecho para algunos niños la vuelta al cole no es nada traumática.

  • Está bien comentarle que mamá y papá también empezarán a trabajar, pero cuidado con hacerle partícipe del palo que te hace a ti volver al trabajo. Evita repetir cada día en el desayuno frases tipo: “con lo bien que estamos durmiendo hasta tarde ¿verdad?” o “A mí también me encantaba ir a la piscina pero ya no podremos ir más”.

  • Una buena anticipación sería como muy pronto dos semanas antes de que empiece el curso, hablándole de aquellas cosas que sí le gustan del cole, explicándole las novedades que habrá en el nuevo curso, aquello que sucederá, etc.

  • En este sentido también puede ayudar preparar algunas cosas con ellos: elegir una nueva mochila, comprar algo de ropa. También quedar con algún amigo del cole o ir a jugar al parque donde soléis ir durante el curso.

  • Finalmente, recomiendo que intentéis desmontar al máximo la asociación de temporada cole = aburrimiento, y esto está en vuestras manos. Una vez empiece el nuevo curso, no te dejes llevar por tu depresión postvacacional, líbrate de la rutina trabajo-cole-casa. Es necesario continuar dedicando algunas tardes y los fines de semana a actividades divertidas. Aunque a veces nos pueda el cansancio, ¡que no termine la fiesta!

 

*Podéis contactar con Clara Garcia Blanch en Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

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Vacaciones de verano: cómo convertirlas en un tiempo sano en familia

El verano ya llegó y con él las vacaciones, al menos para los más pequeños. Cuando termina el cole surge la pregunta: ¿qué hacemos con el tiempo libre de nuestros hijos? Hay que considerar dos aspectos: la conciliación (qué decidimos que hagan los niños mientras los adultos estamos trabajando), y el tiempo en familia (qué decidimos que hagan los niños cuando nosotros estamos con ellos).  En este post voy a ocuparme del segundo aspecto, dando algunos consejos prácticos para lograr un tiempo sano en familia.

  • Tiempos: la familia es un equipo integrado por miembros con mucho en común pero  distintos entre sí. Intentad respetar los tiempos de cada miembro de la familia. Que a nadie le falte un rato de diversión, que haya ocasiones de disfrutar para cada miembro de la familia, no siempre para uno de los hermanos porque tiene peor carácter, o para la madre porque trabaja mucho, etc.

  • Planificación: improvisar relaja y es propio de las vacaciones, pero organizar un poco el día puede ayudar a sentir que lo hemos aprovechado mejor y disfrutarlo más. A partir de cierta edad (5 o 6 años) la planificación puede hacerse con la participación de los niños y decidir juntos algunas de las actividades del día: ¿qué nos apetece hacer hoy? No hace falta hacer siempre lo que el niño pida, simplemente incluirlo en la conversación.

  • Equilibrio: como madres y padres de vacaciones, los hay que se exigen mucho y los hay que se exigen poco.

  • Para los muy exigentes: cuidado con montar un casal de verano en tu casa y colmar el día de actividades extraordinarias, para luego llegar al 15 de agosto muriéndote de ganas de volver al trabajo. Tus hijos no te lo agradecerán, y tu organismo tampoco. Acéptalo, no te gusta el zoo. A lo mejor no es la actividad semanal ideal para tu familia. Con que vayas de vez en cuando es suficiente.

  • Para los poco exigentes: el dejarles demasiado tiempo libre sin ninguna directriz ni plan os va a pasar factura. Si bien el aburrirse de vez en cuando no es malo para nadie, una actitud de cansancio y hastío no aporta nada bueno en tu tiempo veraniego familiar. Acéptalo, tienes que ir al zoo, al menos una vez y con alegría.

  • Rutina: no perder del todo una rutina os ayudará a pasar buenas noches y no alterar tanto a los niños. Es muy difícil que durante las vacaciones los horarios no cambien, pero conviene establecer una mínima rutina con la hora de acostarse, levantarse, y también en las comidas. Seguramente todo se retrasará como 2 horas, no es un problema siempre y cuando este retraso no sea intermitente.

  • Creatividad: disfrutad de los pequeños momentos del día a día con tranquilidad. Algo cotidiano como un desayuno se puede transformar con un poco de imaginación y el tiempo que nos dan las vacaciones en un rato extraordinario.

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Grupos de padres y madres de WhatsApp: cómo prevenir algunos peligros

- ¿Alguien me puede decir los deberes de hoy? Mi hijo no lleva nada en la agenda…(emoticonos variados)

- ¿Alguien me puede mandar una foto del libro de mates pág 64 ej 2?

- ¿A vosotros también os pone en la agenda que mañana hay que traer un compás?

- ¿Alguno ha tenido ya reunión con la tutora? A nosotros todavía no nos han dicho nada…

La lista de guiones podría ocupar todo el post. A pesar de los infinitos mensajes en el grupo y las quejas que suscita, todo el mundo está en él, no sea que nos vayamos a perder…¿el qué?

- El primer consejo es precisamente éste: plantéate qué función tiene estar en ese grupo.

- Si lo haces porque tu hijo no lleva nunca los deberes apuntados en la agenda, am menudo se olvida los libros, o la chaqueta…el grupo de WhatsApp no es tu solución. Habla con él y con la tutora de sus despistes. Ayúdale a organizarse y buscad juntos maneras de solucionar los problemas de cada tarde.

- Si lo haces porque tu hijo no te cuenta nada de lo que ha hecho en el cole y tú te quieres enterar. A través del grupo te enterarás de lo que ha sucedido según la experiencia de los hijos de los demás. Puede ser práctico para enterarte de según qué cosas, normalmente superfluas, pero no te servirá para acercarte a tu hijo y saber cómo fue su día. Si nos limitamos a preguntarle “qué tal hoy en el cole”, lo más normal será recibir un seco “bien” por respuesta. Juega con él cada tarde en lugar de limitarte a preguntar, ya verás cómo poco a poco irá soltando algo sobre su día en el cole, si no explícitamente, a través del juego.

- Porque quieres integrarte. Bueno, puede servir. Sirve más charlar a la salida del cole, o en el parque, pero sí podría ser un motivo con sentido. El grupo de padres y madres es para vosotros, porque a vosotros os gusta, os interesa, os da pereza salir de él o decir que no, etc. Hay que tener claro que no tiene ningún fin educativo, aunque la causa de que exista sea que vuestro hijo va al cole.

A nivel más práctico si no quieres renunciar a él, qué NO hacer:

- Criticar. Huye de las indirectas sobre algún maestro como huías antes del chismorreo en el parque. No alientes rumores.

- Sentirte responsable de responder todas las preguntas que se hacen. De la misma forma que tú has logrado enterarte de qué color tiene que ser la camiseta para el concierto de mañana, el resto también puede hacerlo.

- Solucionar los problemas de tu hijo. Llevas años repitiéndole que los conflictos se resuelven hablando, y WhatsApp no cuenta como hablar. Además, en la solución de un conflicto entre niños, ¡tienen que estar los niños! Finalmente, lo que sucede en el cole, se debería poder resolver en el cole.

- No lo uses contra el aburrimiento. Mejor escribe a un amigo, lee un libro y habla con los que tengas delante, que probablemente sean tu familia.

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Ocho claves para poner límites

Marcar límites a nuestro hijo es una forma más de expresar que le queremos y que estamos cuidando de él, ya que los límites nos orientan y nos dan seguridad. Para marcar un límite hay que estar convencido, porque no siempre es fácil y conviene hacerlo de forma clara. ¿Cómo lograrlo?

  • Tenemos que estar preparados para mantenerlo, pase lo que pase. Una vez se nos escape de la boca el apaga la tele ya, no hay vuelta atrás. Podemos negociar los típicos 5 minutos, pero no deberíamos permitir que se conviertan en 30. Primero porque si es así, mejor te hubieras callado dejándole mirar la tele media hora más, ahorrándote de paso la pataleta que te has tenido que comer. En segundo lugar, porque das a entender que el límite que marcas no debe ser tenido en cuenta.
  • Cuando ante el límite marcado nos contestan: ¡NO¡, es de gran ayuda exponer las consecuencias que puede conllevar no cumplir con el límite: hoy a la hora de cenar no podrás ver ningún capítulo (continuando con el ejemplo de apagar la tele). Hay niños que funcionan mejor a nivel verbal, cuando se les explica una posible consecuencia, mientras que otros en cambio necesitan que el límite sea marcado tajantemente (que vayas tú y apagues la tele).
  • Anticipar el límite funciona muy bien: recuerda que cuando termine este episodio tendremos que apagar la tele para ir a la ducha.
  • Es muy tentador no intervenir para ahorrarnos una pataleta. En estos casos, plantearos lo importante y prioritario para vosotros y cumplid siempre con lo que os hayáis propuesto.
  • No se trata de mantener el límite sólo en el momento en que se marca, si no siempre que se dé la misma circunstancia. Si algunos días permitís que vea según qué programa y otros no en función de vuestro cansancio o humor, mejor dejad que lo mire siempre. Los límites “intermitente” son un peligro, generan desorientación e inseguridad.
  • A partir de los 6 años más o menos, muchos niños comienzan a exigir explicaciones concretas antes de cumplir con el límite que se les marca, siempre cuestionado. Como ya comentamos en el post sobre castigos, no es necesario dar siempre una explicación: primero porque hay motivos que el niño todavía no puede entender, y segundo porque es positivo aprender que hay cosas que no tienen explicación alguna.
  • Un límite no tiene por qué ser una prohibición o una negación. De hecho, como su nombre indica, es el establecimiento de un marco, unos bordes, una frontera. Limitar significa marcar el terreno por el que los niños transitan, explorando y experimentando, para que puedan aprovechar y gozar al máximo de lo que este terreno les ofrece, con seguridad y confort.
  • Finalmente, si eres de los que piensa que los límites no son buenos, ten en cuenta que no podrás librarte de ellos. ¡La vida está llena de límites! Y además habrá situaciones en las que no tendrás más remedio que intervenir: cuando tu hijo se ponga a sí mismo en peligro, o cuando no respete a los demás. No marcar ningún límite, es tan inadecuado como imposible.

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¿Por qué está mal visto castigar?

Cuestionarse, ser cuestionado, plantearse y replantearse, leer artículos y libros, conversar, comparar, interrogar, ¡hasta ver documentales y reportajes! Es típico poner en duda lo que uno está haciendo como padre y llegar a la conclusión de que lo estamos haciendo mal.

Conozco el caso de un pediatra que les dijo a unos padres: Miren, si le toleran todo y son demasiado flexibles, de mayor les dirá “papás, ¿por qué me malcriasteis tanto?”, mientras que si son muy estrictos e intransigentes, de mayor les dirá “¿por qué fuisteis tan duros conmigo?”, así que hagan lo que buenamente puedan, y déjense guiar por su sentido común.

Pues bien: lejos de seguir este consejo, últimamente algunos ponen los castigos en tela de juicio. En este artículo vamos a tratar qué son y para qué sirven, con la intención de dar seguridad, resolver algunas dudas y reforzar el sentido común y la intuición.

  • Es imprescindible saber por qué se castiga. El castigo no es un fin en sí mismo. Persigue algo. Si no tenemos claro el objetivo que perseguimos, ¿para qué castigamos?

  • ¿Queremos que el niño aprenda algo o queremos que una conducta indeseada no se repita? ¿Castigamos por su bien o por nuestro enfado? Si somos capaces de hacernos estas preguntas y tenerlas en cuenta antes de aplicar un castigo, probablemente castigaremos muy poco,  fácilmente lograremos una respuesta hacia el niño adecuada y proporcionada, en lugar de una respuesta incoherente que no viene a cuento, que genere  al niño desorientación, malestar y sentimiento de culpa, que es lo que se le ha venido reprochando al castigo últimamente.

  • El castigo para aprender, durante la primera infancia no tiene mucho sentido. La naturaleza misma ya proporciona los aprendizajes necesarios durante esta etapa del desarrollo: si no miras por donde andas te caes, el fuego quema, el cuchillo corta. Estímulo-respuesta.

  • El castigo para que una conducta no se repita tiene que ser claro y conciso, correspondiente a la edad del niño y estar vinculado con la conducta a corregir. Para ello, debemos plantearnos el motivo de este comportamiento indeseado. Si el niño empieza a cambiar la actitud solo por miedo o para evitar el castigo, les damos puntos y con razón a los que rechazan los castigos.  ¿Realmente el niño está preparado para lo que le estamos pidiendo? De lo contrario, por muy grave que sea el castigo, no podremos remediar esa conducta y causaremos en el niño mucho malestar y sentimiento de culpa. Evitemos trasmitir como indeseadas aquellas conductas que tienen que ver con su desarrollo: miedos nocturnos, control de esfínteres, celos, pataletas, etc.

  • Para no sentirnos culpables, solemos acompañar el castigo con largas explicaciones. Nos encontramos a las diez de la noche de rodillas hablándole a un niño de 3 años muerto de sueño y lleno de mocos sobre lo inoportuno de tirar un vaso al suelo. Hay momentos para todo. Hablar sobre lo sucedido cuando el niño no esté enfadado puede ser bueno, tan bueno como el experimentar que a veces hay cosas que no tienen ninguna explicación.

  • En resumidas cuentas: lo malo no es el castigo, es que nuestras acciones educativas estén guiadas por el hastío, la pereza, la rabia o la incoherencia.

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esto es una mrd no entiendoo
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Me gustó la información, es concreta pero con formas de aplicar lo que se explica, gracias

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